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Dic 05 2018

El libro de papel, ni muerto ni desahuciado

A LAS COSAS POR SU NOMBRE/Francisco García Pimentel

La semana pasada se celebró, como cada año, la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Es una verdadera fiesta y una de las ferias de libros más grandes de todo el mundo. Los números son impresionantes.

Este año –según estadísticas de los organizadores- asistieron a la feria más de 819 mil personas para visitar los stands de 2,280 editoriales, atendidas por casi 20 mil profesionales. La FIL Niños recibió a casi 190 mil niños: casi cuatro veces el estadio Omnilife a tope.

La Feria del Libro no deja de ser –o parecer- un anacronismo cuando tenemos ya un pie en la segunda década del siglo XXI. ¿Una feria que reúna a cientos de miles de personas para compartir y comprar libros físicos de papel?

No hace mucho -2013- estuve en una feria de tecnología en la ciudad de San Antonio. Hace apenas cinco años, los gurús de la tecnología nos instaron a abandonar el libro de papel y promover, en cambio, las bibliotecas digitales. El libro “ya va de salida” nos dijeron. Aparentemente, estaban equivocados. El libro de papel está más fuerte que nunca.

Si bien me considero fan de los libros digitales y hasta de los audiolibros, yo mismo no he dejado de usar libros de papel. No porque no pueda, sino porque simplemente no quiero. Cada formato tiene sus ventajas, y los tres conviven en un mundo en donde, además, el acceso a la información de manera gratuita es casi universal.

El informe de PWC “Global Entertainment & Media Outlook 2018-2022” nos da una pista inesperada: señala que los libros en papel son el único formato físico que está sobreviviendo e incluso mejorando sus ventas a nivel mundial. El resto van a la baja y se encaminan hacia la residualidad. Este informe estima que los videojuegos, las películas y la música en formato físico bajarán sus ventas durante los próximos cuatro años. Por el contrario, cifra el crecimiento del libro en papel en aproximadamente un 1% anual hasta 2022.

Es un hecho fuera de duda: en 2018 se imprimieron –y consumieron- más libros que ningún otro año en la historia de la humanidad.

Desde hace décadas hay personas que pregonan la muerte inminente del medio físico; del papel como medio de transferencia de tecnología. Entre tanto, han ido y venido docenas de formatos pasajeros: acetatos, cassetes, CDs, DVDs, floppys, zip disk, USBs y no sé cuántos más. La versatilidad, durabilidad, maniobrabilidad y universalidad del libro de papel –que creen amenazar con cada nueva tecnología- sigue reinando entre los formatos para libros. El libro de papel es ese proverbial prisionero al que cada año condenan a muerte… y cada año se rehúsa a morir.

Entre tanto, miles de escuelas en el planeta están revalorando el papel del papel en las aulas, según se ha comprobado que ofrecen un medio mucho más efectivo para aprender y desarrollar el gusto por la lectura; facilitan la memoria y el pensamiento crítico, sobre todo en estudiantes jóvenes. La biblioteca escolar goza aún de salud y se la augura larga vida.

Esto no significa que debamos cerrar los ojos o los brazos para nuevas tecnologías. En muchos entornos –bases de datos, investigación e información, por nombrar unos pocos- la ventaja de la digitalidad y el potencial de la nube son infinitamente superiores a los del libro impreso. Más bien: dejar de pensar en la “guerra” entre formatos y enseñar a nuestros niños (y a nosotros mismos) a saber destilar el conocimiento y el arte de donde podamos. El contenido de cualquier libro es muchísimo más importante que el medio que lo contiene.

Nos vemos el año que viene en la FIL, en donde el libro seguirá rompiendo records, y donde miles de personas seguiremos empeñados en leer. O lo que es lo mismo: en crecer.

Director General de DiezLetras Comunica

@franciscogpr

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