La Olimpiada de Ana Guevara

HACIENDO ADOBES

Miguel Zárate

 

Ya a unos cuantos días y con escasas oportunidades, México está al borde de tener una de sus peores presentaciones en las Olimpiadas al menos en medio siglo.

Por supuesto que los desempeños individuales cuentan, de hecho los atletas son verdaderos titanes pues además de su disciplina tienen que sortear una verdadera carrera de obstáculos contra los dirigentes de la CONADE y sus respectivas federaciones.

Por eso se tendrá que hacerse una seria evaluación sobre si los deportistas contaron con el apoyo del órgano responsable, o sea la Conade de Ana Guevara.

Todavía se recordará el entusiasmo con el que fue recibida al ocupar dicho cargo la ex velocista sonorense, sobre todo porque al margen de la política que se convirtió en su nueva carrera, nadie olvida su extraordinario paso por el atletismo en el que dio muchas satisfacciones a México.

Sin embargo, a Guevara le empezó a ir mal, muy mal por los cuestionamientos al dirigir el deporte en el país en forma nada transparente.

Primero fue el manejo prácticamente discrecional del Fondo para el Deporte de Alto Rendimiento (FODEPAR), mismo que desapareció el presidente López Obrador (como otros más del centenar de fideicomisos condenados por él), aunque para Ana implicó manejos turbios o irregularidades detectadas por la misma Auditoría Superior de la Federación, y que no han sido aclarados por unos 187 millones de pesos, atribuidos principalmente a asignaciones directas y eventuales desviaciones.

Lo cierto es que, pese a la extinción de dicho fondo, López Obrador ofreció no dejar a los deportistas a su suerte, aunque ya en términos reales fueron rebajadas sustancialmente las becas anteriormente otorgadas y hoy hay quienes reciben entre mil y dos mil pesos mensuales de “apoyo” para continuar en su empeño dentro del deporte. Dijeran algunos, ni para los camiones.

Aparentemente la mezcla entre una imagen de gran atleta de Ana y su función pública no ha sido nada congruente. Sin cargarle culpas de más, la verdad es que Guevara es en gran medida responsable del que parece ya un fracaso nacional en la actual Olimpiada.

Y hay que ver si no. Descontando aquellos momentos heroicos de Joaquín Capilla o de Humberto Mariles en tiempos en que llegaron a ganar incluso preseas doradas sin ninguna clase de respaldo, allá a fines de los cuarenta, México brilló realmente hasta que organizó su propia Olimpiada, en el 68.

Entonces, la cosecha fue la más grande de su historia, nueve en total, tres de ellas de oro, y así ocupó el mejor lugar, hasta la fecha, dentro de los medallistas del mundo, el número 15.

Vinieron algunos tiempos peores, como en Múnich 72, con una sola presea de plata, pero la caída en el tablero ha sido estrepitosa, incluso en los recientes juegos de Río, que ocupó el sitio 61.

Hoy vemos que las cosas no tienden a ser mejores, a menos que sorpresivamente nos llegara al menos una presea dorada por algún lado.

Ir en el puesto75 a estas alturas de la competencia, realmente es bastante preocupante y refleja que estamos haciendo las cosas demasiado mal.

Lo paradójico es que los deportistas no tienen la culpa de ello. Muchos los que llegaron a Tokio con el representativo mexicano, le pusieron hasta de su bolsa para conseguirlo y así tener un mejor desempeño.

La actitud arrogante de la señora Guevara ha llegado a extremos tales como el de hacerse presente sólo en aquellas competencias donde hay “cierta” posibilidad de ganar algo, e igual sale y deja abandonados a los deportistas, según denuncian no pocos competidores.

Pero más grave es que surjan voces de descontento sobre todo de quienes han sido grandes figuras en sus áreas y que, valga la expresión, “olímpicamente” fueron rechazadas para ir a estos juegos.

Esto ha sido planteado por la clavadista Paola Espinosa, una de las más galardonadas en nuestra historia dentro de la natación, por la ciclista Jessica Salazar, subcampeona mundial y, seguramente, es mucha más larga lista de exclusiones en los que la única respuesta de Guevara a las interrogantes ha sido la de que “no contaron los méritos deportivos suficientes”.

Desde luego que la historia del deporte mexicano no es de lo mejor del mundo. Muchas de las fallas e incluso corruptelas de diversa índole se originan en las propias federaciones, mientras, que, por otro lado, es poco quizá nulo el estímulo que los deportistas reciben de otras instancias, como sucede en muchos países por instituciones privadas por ejemplo y, particularmente, de universidades como sí pasa con gran éxito en Estados Unidos.

Por lo pronto, esta Olimpiada será la única en la que la actual administración federal pudo haberse manifestado como gran solidaria con el deporte, especialmente para justas tan importantes.

La política suele meter la cola donde le place. Y lo deportivo no parece ser excepción. Por ello, Ana Guevara y el actual gobierno del país, serán recordados como entre los peores, si no el peor, en el deporte nacional.

Lástima porque esto sí importa para la formación de jóvenes como los ejemplos que hemos estado viendo y que hacen el papel de héroes, casi siempre por sí solos, casi siempre sin apoyo. Ya es hora de hacer por ellos.

Regidor del PAN en el Ayuntamiento de Guadalajara

@Miguel_ZarateH

 

1 comentario

    • Jose Joaquin Morales Bolaños el 7 agosto, 2021 1:30 PM a las 1:30 PM
    • Responder

    Mi estimado regidor usted para llegar donde está y ni se diga donde ha estado tuvo que quemarse las pestañas y hasta ponerse lentes porque han sido muchas horas sobre los libros.
    La persona a la que usted hace mencion le reconozco que paso muchas horas sobre la superficie de rozamiento de una estructura llamada pavimento formada por varias capas cuya última es la que mencionó. No demérito a nadie pero si hay una gran diferencia razón por la cual nunca avanzamos con rumbo y ritmo atinado. Feliz fin de semana y que este fin de semana podamos cantar alegremente no el logro de una medalla de oro sino el triunfo de nuestras CHIVAS RAYADAS.

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