Sin invencibles ni muertos

HACIENDO ADOBES/Miguel Zárate

 

Las elecciones en Coahuila e Hidalgo dejaron un mensaje que debería ser tomado como ensayo serio de lo interesante que puede ponerse la venidera jornada federal a mediados de año.

Podrá afirmarse que, en el primero de los estados, participante para reconfigurar su Congreso local, subsiste una hegemonía manifiesta y en que hubo de todo como en los viejos tiempos de las maniobras e irregularidades.

Probable, se puede dudar, pero la victoria abrumadora, total, del partido que todos consideraban casi muerto (PRI), no deja lugar a sospecha de que también se perfiló una clara muestra de que ningún partido puede considerarse de antemano invencible (en este caso, Morena).

Seguramente el organismo político del presidente logró permear más en Hidalgo, más próximo al centro de poder, en el que el gobernador tricolor, Omar Fayad, se ha declarado públicamente un “aliado” de López Obrador (¿le quedará de otra?) y que, además, políticamente es de los más fragmentados en partidos de todos tamaños y sabores.

Con todo, el PRI batalla, pero podría ganar en tribunales más municipios, territorio y población que Morena -aunque por lo ajustado la lucha será a morir sobre todo en Pachuca-, y no dejará de ser trascendente que el tricolor haya ganado en global más del doble de votos que sus cercanos contrincantes.

El mismo titular del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, llegó a apreciar que esta elección sería un verdadero experimento. Sin embargo, da la impresión de que, pese a lo significativo de esta justa para la tendencia que quiere marcar el mandatario nacional, los morenistas no se pusieron bien de acuerdo y dejaron escapar, así, sin más, una oportunidad de reafirmarse como triunfadores aun sin tener a un AMLO en las boletas.

Sin embargo, lo más preocupante del caso sigue siendo el abstencionismo que tanto en Coahuila como en Hidalgo fue más que significativo, si bien está el factor de la pandemia.

Ambos estados fueron muestra quizá sin proporción de lo que vendrá, pero bien vale la pena tomarlo en cuenta ya que todo anticipa que habrá una auténtica guerra sin tregua.

Acaba de despedirse públicamente de su cargo de secretario federal de Seguridad Pública Alfonso Durazo y al escucharlo parece como si tuviera ya ganado el gobierno de Sonora. Ahora hay que ver qué tan seguro se siente realmente el triunfo aun cuando, aparentemente, se llevan todas las de ganar y, como sucederá con toda probabilidad, con todo el apoyo presidencial.

Ojalá tuviera presente que Sonora ha sido postrevolucionaria y priista desde 1929, salvo el periodo del muy cuestionado panista Guillermo Padrés, antecesor de la actual Claudia Artemisa Pavlovich.

Para Jalisco, también es aleccionador lo sucedido. Se prevé que Morena realizará en este estado una de sus acometidas más fuertes y que incluso pudiera ser previsible un considerable avance ante el fuerte bastión emecista que, siguiendo el ejemplo, bien debería considerar sus mejores opciones y no dar por hechos todos sus triunfos anteriores.

Con los partidos locales de nuevo cuño, un muy factible resurgimiento panista y otros factores, a MC y al alfarismo no les espera precisamente un día de paseo en la siguiente jornada, razón por la cual habrá que ver si responden al reto con las mejores cartas y la mejor estrategia.

Hidalgo y Coahuila, con las consideraciones que se quiera dentro de una elección local, simplemente recuerdan que en este nuestro México, más vale que no se pasen por alto las advertencias que mandan de vez en vez los ciudadanos: no hay nadie que pueda asumirse como invencible y mucho ojo con aquellos que suelen darse anticipadamente por muertos.

Regidor del PAN en el Ayuntamiento de Guadalajara

@MiguelZarateH

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