Líderes o caudillos

HACIENDO ADOBES/Miguel Zárate

Simplemente la historia se repite. En los momentos difíciles, complicados, incluso trágicos de un país, el caudillismo se hace presente.

Sin embargo, en algunos casos se trató de quienes buscaban, por ejemplo, la liberación de un yugo o dominación, pero, también, los caudillos pasaron a constituirse en los simples cabecillas que procuran adeptos, que integran seguidores con una connotación más que nada política.

La pandemia, por lo visto está poniendo en evidencia que la preocupación para la salud de los mexicanos y los jaliscienses no ha sido desaprovechada por aquellos que no dejan de tener en la mira el futuro electoral venidero y hasta el que sigue.

En Palacio Nacional se dirigen los principales operativos y disposiciones centrales acerca de la peor crisis sanitaria que ha vivido el mundo en un siglo y que en nuestro país puede agravarse, por un manejo que, de inicio, se manifestó errático, y que amaga, como ha sucedido en naciones mucho más fuertes y económicamente inclusive superiores a la nuestra, en conducir eventualmente a un colapso en muchos aspectos.

El lenguaje en sí mismo de todas las mañaneras nos recuerda que en estos tiempos que requieren de liderazgo auténtico, las decisiones que se toman son más bien las de un caudillo. Ninguna propuesta sensata, prospera a menos que vaya en relación y apego a los “planes de este gobierno”, aunque de por medio vaya comprometiéndose el empleo, la producción y el bienestar a futuro de todos los mexicanos.

La obsesión de un programa ofrecido desde campaña, como la cuestionable amnistía, en cambio tiene lugar a tal punto preferente que exige sesión especial del Senado y el uso manifiesto de la aplanadora, apenas con un legislador más que el que requería el quórum.

¿Simple oportunismo político?, posiblemente, pero insulta a la inteligencia decir que “antes” se hacía diferente y con un rebaño de borregos, pero con tamaño cinismo en el proceso de aprobación, ¿ahora fue diferente?

El clientelismo es la razón indudable por la que muchas de las acciones que se manejan en plena tormenta tienden a tener un significado distinto. Parece incuestionable que esto no sucede exclusivamente en el foro cotidiano del presidente, sino que en diversos estados de la república también el matiz que da el caudillaje se hace presente.

Habrá que discutirse, en su momento, cuestiones en efecto cruciales como la equidad fiscal, pero ¿será éste el momento más adecuado para hacerlo?

Nuestros actores de la vida pública, y sus correspondientes partidos, no siempre están pensando en cómo vamos a sortear verdaderamente el tsunami que casi de manera irremediable causará la plaga que estamos sufriendo y cuyas consecuencias aún son impredecibles.

Definitivamente nos queda claro que la otra crisis que vivimos, y no de ahora, es la de falta de liderazgos. Nuestra carencia en este aspecto es tremenda, al parecer insuperable. Muchos países han nacido o marcado su destino por la participación de caudillos, pero son muy pocos los que han crecido, se han desarrollado y han alcanzado el progreso porque, luego, han contado con verdaderos líderes.

Lo que estamos viviendo nos recuerda que el caudillo, que en Italia llamaron alguna vez “duce” o en Alemania “führer”, no es lo que necesita México. Esta marejada también exhibirá y dejará desnudas las intenciones políticas con las que de manera oportunista algunos se manejaron, sobre todo aquellos que terminen por demostrar ser simples aprendices de caudillo, pero no de auténticos líderes.

Regidor de Municipio de Guadalajara
@MiguelZarateH

1 comentario

  1. Ecxelente Miguel, puede empeorar el país, por intereses personales, cuando deberíamos de cerrar filas al problema principal ( la pandemia)

Deja una respuesta

Tu email nunca se publicará.