
AP.-Salimata Sylla y su equipo estaban por entrar a la cancha de baloncesto, tal como lo habían hecho muchas veces antes.
La mañana de ese domingo, ella y sus compañeras habían realizado un viaje de tres horas en autobús desde Aubervilliers, un suburbio parisino, hasta la cancha de un club rival en el norte de Francia. Ya uniformada y después de calentar, Sylla —la capitana del equipo— estaba lista para jugar.
Pero momentos antes del inicio del partido, se le informó que no podía participar. ¿El motivo? Su velo religioso.
Más de dos años después, Sylla aún tiene prohibido competir bajo la jurisdicción de la federación francesa de baloncesto.
La exbase de 27 años es una de miles de jóvenes musulmanas en Francia que se encuentran marginadas de las competencias deportivas debido a la prohibición de utilizar uniformes y otras prendas que contengan un significado religioso o político. Estas normas, según los críticos, afectan desproporcionadamente a las deportistas musulmanas que usan hiyab.
Ahora, los políticos de derecha han impulsado un controversial proyecto de ley que prohibiría el uso de un velo religioso en todas las competencias deportivas, y el cual ya superó su primer obstáculo legislativo en el Senado. De ser aprobado por la cámara baja, consagraría en ley lo que hasta ahora ha sido decisión individual de cada federación deportiva.
Quienes están a favor de la medida afirman que es un paso necesario para proteger el laicismo —un pilar de la República Francesa. Sus detractores califican la propuesta como discriminatoria, islamófoba y una violación tanto del Estado de derecho como del concepto mismo de laicismo.



