Entretelones de la elección del Papa dentro del Cónclave

Relatos de personas al interior del Vaticano y entrevistas con más de una decena de cardenales, que solo podían revelar algunas cosas debido a las normas de secreto que conllevan la pena de excomunión, contaron la historia de cómo Prevost se convirtió en el papa León XIV.

El rápido y asombroso consenso que aplastó tabúes y giró en torno a un estadounidense desconocido para muchos fuera de la Iglesia se produjo el jueves entre un Colegio Cardenalicio difícil de manejar, con muchos miembros nuevos que no se conocían entre sí. Tenían intereses, idiomas y prioridades diferentes, pero una única opción.

Prevost no era un completo desconocido. Como antiguo líder de la Orden de San Agustín, que opera en todo el mundo, y como jefe de la oficina vaticana que supervisa a los obispos del mundo, había desarrollado poderosas conexiones y apoyos. El primero de ellos había sido Francisco, quien puso su carrera en la vía rápida. Y sus décadas en Perú, su fluido español y su liderazgo de la Pontificia Comisión para América Latina le proporcionaron profundas, y decisivas, relaciones en el continente.

“Casi todos lo conocemos. Es uno de los nuestros”, dijo el cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo, de Venezuela, quien lo conoce desde hace décadas.

“En la cuarta votación, las papeletas se inclinaron abrumadoramente” hacia Prevost, dijo You de Corea del Sur.

Más avanzada la tarde, volvieron a votar, y luego contaron las papeletas una por una. Cuando Prevost alcanzó los 89 votos, el umbral de mayoría de dos tercios necesario para convertirse en papa, la sala estalló en una ovación de pie. ”¡Y él siguió sentado!”, dijo David. “Alguien tuvo que levantarlo. A todos se nos salían las lágrimas”.

 

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