
Mentar a Davy Jones entre la marinería antigua era lo mismo que anunciar la inminencia del naufragio y el ahogamiento sin remisión. Era el dueño de los muertos de los siete mares. O quizá no exactamente de los siete. Como cabe deducir por su nombre, el mito de Davy Jones se circunscribe principalmente al mundo anglosajón. Sus referencias más tempranas datan del siglo XVIII.
La primera registrada se debe a la pluma de Daniel Defoe, que no lo menciona en Robinson Crusoe, sino en una novela poco conocida, «The Four Years Voyages of Capt. George Roberts», publicada en 1726, en la que un personaje amenaza a otros con enviarlos “a la sentina de Davy Jones”.
Defoe escribió numerosas historias de piratas y navegación y era un enamorado del mar. La mención a Davy Jones como parte de una expresión, sin que considere necesario especificar a quién se refiere y sin ser consciente de que es la primera persona que lo hace en letra impresa, indica que el personaje ya llevaba tiempo rondando por las historias orales de ambientes marineros.
Su origen infernal no puede ponerse en duda. La antología demoníaca con que el escritor Alberto Cousté cierra su «Biografía del diablo» (1991) incluye a David (sic) Jones como un “nombre que tradicionalmente dan los marineros y balleneros de habla inglesa al demonio de los mares. Los que lo han visto aseguran que tiene tres hileras de dientes, ojos de espanto y que por sus narices brotan llamas azules”.



