Las mujeres más malvadas de la historia

Crueles, ambiciosas, lascivas, intrigantes: son muchos los adjetivos negativos que se han dedicado a mujeres poderosas o influyentes del pasado. Algunas se ganaron a pulso ser odiadas, pero otras han sido injustamente convertidas en sinónimo de maldad

Cleopatra VII (siglo I a.C.), la última reina de Egipto, es considerada la seductora por excelencia, capaz de todo con tal de lograr sus propósitos. Exuberante, lista y sumamente peligrosa, reinó durante dos décadas. Su único objetivo era el poder, que alcanzó asesinando a sus hermanos de forma despiadada, y lo mantuvo usando sus habilidades políticas y su mejor arma: el sexo, con el que se ganó la confianza de los hombres más importantes de Roma.

Pese a su mala fama, hay que tener presente que casi todas las historias sobre Cleopatra las escribieron los romanos, que no la apreciaban demasiado. ¿Podemos entonces fiarnos de lo que se dice de ella? El psiquiatra David Mallor, que ha realizado su perfil psicológico, concluye que tenía un comportamiento psicopático y que mataba sin ningún remordimiento.

Según este experto, su conducta estaba guiada por un fin concreto, como la de otros malvados del pasado; sin ir más lejos, la de uno de sus amantes, Julio César. Aun así, para Mallor la reina tiene un perfil más oscuro y psicopático, lo que la sitúa junto a grandes asesinos como Calígula o Atila. Además, le encantaba ser el centro de atención. Baste de ejemplo la teatral escena que montó para presentarse ante César, escondida en una alfombra. Eso indicaría que sufría un trastorno histriónico de la personalidad, es decir, que tenía la necesidad de ser admirada. Y que, cuando era necesario, se mostraba fría y desapasionada.

Una emperatriz de mala fama
Peor fama tiene, si cabe, la emperatriz Wu Zetian (625-705), la única mujer que ha reinado en China en solitario. Se la ha acusado de intrigante, se la ha criticado por coleccionar amantes y se han acentuado sus peores rasgos, pero lo cierto es que fue una gobernante competente. Con ella, el país vivió una época de estabilidad política, económica y cultural. Además, favoreció la agricultura y elevó la posición social de las mujeres. Pese a sus logros, la leyenda negra puso el acento en sus errores, relegando a un segundo plano las eficaces reformas.

María la Sanguinaria y Catalina la Envenenadora
Claro que no hay que irse tan lejos para encontrar mujeres despiadadas. El sobrenombre de “la Sanguinaria” evidencia la fama, en este caso merecidamente ganada, de María Tudor (1516- 1558), que ocupó el trono de Inglaterra de 1553 a 1558 como María I.

La única hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón quiso reconducir a Inglaterra por la senda del catolicismo, tras el cisma anglicano provocado por su padre. Para ello se apoyó en su marido, Felipe II, y restituyó a golpe de ejecuciones la obediencia a la Iglesia de Roma. María inició una feroz represión que condenó a muerte a casi 300 personas entre febrero de 1555 y noviembre de 1558. Entre los que ardieron en la hoguera estaba Thomas Cranmer, que siendo arzobispo de Canterbury había autorizado el divorcio de sus padres. Con este bagaje, resulta lógico que los protestantes la apodaran Bloody Mary.

Otra reina de la misma centuria comparte con María I un puesto en este ranking de “malas”: Catalina de Médici (1519-1589). Esposa de Enrique II de Francia y madre de cinco reyes y reinas sin descendencia, marcó la política francesa durante más de treinta años. Cuando en 1560 falleció su primogénito, Francisco II, y accedió al trono su segundo hijo, Carlos IX, fue designada regente, y desde entonces mostró su enorme capacidad para ejercer el poder. Ella sería la instigadora de la Matanza de la Noche de San Bartolomé (24 de agosto de 1572), en la que murieron asesinados en París más de 4.000 protestantes. Obsesionada con preservar el trono para sus vástagos, no dudó en usar venenos letales contra quienes se interpusieron en su camino.

Las carniceras nazis
La Alemania nazi puso el listón muy alto en cuanto a dosis de maldad, pero los actos sádicos no fueron, ni mucho menos, exclusiva de los varones: algunas mujeres destacaron también por ser especialmente abominables. Maria Mandel, apodada “la Bestia”, fue una guardia femenina de las SS con alto rango en Auschwitz. Controlaba todas las secciones y subsecciones femeninas del campo de exterminio, creó la “orquesta de Auschwitz”, que ponía música a recuentos y ejecuciones, y era la encargada de escoger quiénes acabarían en las cámaras de gas, adonde envió a alrededor de 500.000 mujeres y niños. En 1947 fue condenada a muerte y falleció en la horca al año siguiente.

 

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