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Oct 10 2018

“No se cómo no nos hemos vuelto locas”: la escucha para la paz

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DIVISADERO/Eduardo González Velázquez

2 de octubre de 1968. La tarde fue testigo. Las bengalas lanzadas desde las alturas nublan el cielo. Silencian las voces. Producen el corredero de gente atemorizada. Muertos por doquier. Decenas de zapatos son abandonados en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Las bengalas como señal de ataque para dos grupos armados: el batallón Olimpia y los francotiradores del Estado Mayor Presidencial apostados en un balcón del edificio Chihuahua. Para ambos la orden era la misma: aplastar al movimiento estudiantil.

Aquella tarde ensangrentada en Tlatelolco fue la premonición de la lenta y dolorosa democratización de México; de las acciones ciudadanas a contracorriente para disipar los nubarrones del horizonte nacional.

3 de octubre de 2018. La mañana otoñal tapatía se apresta a testificar el XIV Foro de Escucha por la Pacificación del País y la Reconciliación Nacional, convocado por el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador. La sede es el Tecnológico de Monterrey en Guadalajara, a través de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno.

La esencia de la reunión es que las autoridades electas escuchen a las víctimas de la violencia para construir con esos decires la nueva estrategia contra la violencia y la inseguridad, anclada en la construcción de paz.

El reclamo ciudadano que pende en el ambiente es simple y profundo: “queremos que los busquen”. Saben que la escucha es importante, aunque hoy por hoy no han conseguido nada con ser atendidos. Tienen esperanza, pero también incertidumbre. Quieren respuestas. Ello explica el cambio en su narrativa: la exigencia de la búsqueda.

Los 425 asistentes pertenecen a 87 organizaciones civiles, sociales y sindicales del estado de Jalisco. Sus ofensas vividas de manera personal o a través de un familiar son variadas: desapariciones, asesinatos, secuestros, extorsiones, detenciones arbitrarias, torturas, procesos judiciales amañados; su común denominador la ausencia de paz en sus comunidades.

Desde las ocho de la mañana se comienzan a llenar las cuarenta mesas dispuestas desde la madrugada anterior por el staff de estudiantes que acompañaron todo el evento. A muy temprana hora los miembros de los colectivos, los estudiantes y la sociedad civil comenzaron a trabajar con unos cuestionarios que recogen la información que será utilizada en el diseño de políticas públicas para construir la paz.

Con retraso de media hora arribaron las autoridades electas federales y estatales para la inauguración formal del Foro: Alfonso Durazo, Audomaro Martínez, Macedonio Tamez y Ricardo Govela. Una vez concluida la inauguración se escuchan algunos gritos entre el auditorio: “Dónde están, dónde están nuestros hijos dónde están”.

En una mesa las víctimas hablan con Durazo, futuro secretario de Seguridad Pública, (al General Audomaro no le permitieron pasar a escuchar, “no queremos hablar con los generales”, le dijeron). Se escuchan historias de soledad, angustia, desesperación ante la indolencia gubernamental; son voces quebradas pero firmes.

Lo mismo son migrantes centroamericanos, que madres en busca de sus hijas, o mujeres que lamentan la violencia en sus terruños. Aunque están dispuestos alimentos y bebidas, el dolor ahuyenta el apetito, “no dan ganas de tomar nada”,comenta un asistente. Durazo en completo silencio mantiene la mirada firme. Al tiempo, se pasa del monólogo de las víctimas al diálogo con Alfonso.

En los cuerpos de las víctimas se materializa la resiliencia de la tragedia, porque aun desde la tragedia debemos construir la paz. “Esto es lo que tenemos”, susurra la hija que busca a su madre desaparecida desde 1978 a manos de Miguel Nazar Haro. “No podemos continuar así, no confiamos en las autoridades estatales; ya no queremos tener miedo de salir a las calles”, lamenta otra mujer, a quien le desaparecieron a su hija, y lanza desesperada un tenue grito ensordecedor: “No se cómo no nos hemos vuelto locas, no sé cómo seguimos vivas”.

Durazo, baja la mirada, como buscando respuestas. El silencio lo envuelve. La escena solo le alcanza para pedir que los reclamos se verbalicen como propuestas de políticas públicas. El compromiso es materializarlas en el siguiente gobierno.

La culminación del Foro, que no la “cancelación” como dijo Durazo, se da en conjunto con autoridades y víctimas en el salón principal del centro de congresos. Entre el gentío se escucha: “no traicionen nuestra confianza, no hagan que les demos la espalda”. Se pide justicia y perdón; reconciliación y reconstitución del tejido social; queremos un México con todas y todos viviendo en paz.

Son cinco décadas buscando salir de nuestro laberinto mexicano, y en esa búsqueda por momentos hemos sentido que nos perdemos. Han pasado 50 años desde que “la mano tendida” de Gustavo Díaz Ordaz ordenó aplastar al movimiento estudiantil de 1968. Cincuenta años que las luces de aquellas bengalas oscurecieron el cielo. Hoy, medio siglo después, la sociedad consigue ser escuchada por un gobierno electo.

Sin embargo, es tan profunda la ofensa por los desaparecidos, tan indescriptible el dolor, que la sola escucha no basta. Hoy, en el Foro, retumbó la demanda: devuélvanos lo que nos quitaron.

Profesor investigador del TEC de Monterrey

@contodoytriques

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