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Nov 28 2017

El tecnócrata: la esperanza (parte 1)

CESAR-NUEVA

RESTAURACIÓN/César Ruvalcaba

Tecnócrata: Profesional especializado en alguna materia económica o administrativa que, en el desempeño de un cargo público, aplica medidas eficaces que persiguen el bienestar social al margen de consideraciones ideológicas (según la RAE).

Inauguradas las precampañas presidenciales en México, también se inaugura la etapa de los descalificativos políticos más variados: populistas, conservadores, comunistas o rojillos.

Pero luego de la salida a escena de José Antonio Mead por el PRI, habrá un adjetivo en particular que se pondrá de nuevo a la moda: tecnócrata. Así que, aprovechemos estas líneas para comentar ¿qué es un tecnócrata?, ¿qué es la tecnocracia?, ¿es un rasgo positivo o despectivo? Veamos…

Hablar de “tecnócratas” en la jerga política es un deporte que se popularizó a partir de la década de los 80´s en prácticamente todas las democracias occidentales.

Bajo consignas como: “la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos”, “necesitamos un gobierno de expertos” o “los políticos buscan sus intereses, los técnicos aplican las leyes de la ciencia”, que fueron repetidas hasta el cansancio, se arraigó en el sentido común de la sociedad la idea de que era preferible que los problemas de gobierno los resolviera un profesional-técnico y no un político que los contaminaba con sus intereses.

Así, la tecnocracia era recibida como sinónimo de eficiencia; era su época de oro: el gobierno de los tecnócratas se consolidaba.

La tecnocracia, en tanto pretendida ciencia, se sostenía en supuestos principios de racionalidad muy ligados a la economía.

Junto al desprestigio de los políticos, se sumó la idea de que el Estado debería intervenir lo mínimo posible, de que las leyes del mercado se auto-regulaban y que a través de ellas se aseguraba la libertad y la prosperidad del “pueblo”.

Eran los tiempos de los “Chicago Boys” y M. Friedman con su propuesta de modelo económico para la administración pública que se oponía al tradicional modelo keynesiano.

Eran también los tiempos de Ronald Reagan y del “there is not alternative” de Margaret Thatcher.

Ese era el argumento central discursivo: No hay alternativa, el libre mercado y la democracia liberal representativa son el único camino.

A la vez, el mundo se estaba transformando. El proyecto comunista se venía abajo junto con la Unión Soviética a principio de los años 90´s; el neoliberalismo había vencido.

Las democracias del mundo occidental privilegiaron el asenso de los tecnócratas al gobierno. Candidatos que negaban abiertamente ser políticos, como Tony Blair en el Reino Unido, llegaban al poder.

En México llegaron de la mano de los economistas Carlos Salinas de Gortari, Doctor por la Universidad de Harvard y luego por Ernesto Zedillo, también Doctor en Economía por Yale.

Lo de Vicente Fox es ya un anecdótico exceso, un administrador de empresas, ex-director de Coca Cola Company como presidente de México.

Sin embargo, la luna de miel se acabaría pronto. Ante el desmantelamiento sistemático del estado bienestar, el recorte de los derechos sociales, la reducción de las prestaciones y la precarización de los salarios que llegarían a su punto álgido en el 2008 tras el estallido de una crisis económica mundial en plena globalización, el “gobierno de los expertos” ya no pareció tan solvente.

Al mismo tiempo, la deslegitimación de la representación política y del modelo democrático liberal se dejaron sentir.

Se empezó a hablar del déficit democrático, de la erosión de la ideología, del gran consenso en el centro y de que la ciudadanía cada vez decidía menos.

El problema se revelaba: ante un gobierno de expertos, las personas “sobraban” en la toma de decisiones; así que se fueron marginando hasta ser irrelevantes.

La soberanía popular era un cuento mal contado. Entonces cabe preguntarnos ¿qué efecto tuvo el tecnócrata en la democracia? ¿Existe alguna contradicción entre soberanía y tecnocracia?

Para responder, hace falta echar mano de una reflexión teórica sobre las consecuencias de evitar la política para atender problemas políticos.

Pero eso será en la siguiente colaboración. Hasta entonces, veamos el nuevo estribillo del tecnócrata en acción.

Investigador y Doctorando en Teoría Política. Universidad Autónoma de Madrid (UAM)

@Cesar_Ruvalcaba

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