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Sep 08 2017

Adiós al #FiscalCarnal

iñiguez

TRIBUNA/César Iñiguez

Uno de los grandes problemas que aquejan a nuestro país son la corrupción y la impunidad.

La corrupción incentivada por un justicia ausente y por un sistema penal laxo que motivaba a cualquier funcionario público con intención de merecer, de cometer cualquier clase de abusos, robos y arbitrariedades, con la tranquilidad de que todo acto delincuencial cometido en agravio de la sociedad quedaría sin castigo y en plena impunidad.

Casos los hay muchos y bastantes, de muchos colores y partidos, pero el común denominador siempre ha sido el arreglo político, el pago de escándalos con chivos expiatorios y salvar el pellejo teniendo el poder y las influencias necesarias.

Los casos más graves de corrupción, vienen del gobierno federal, documentados de manera insólita y que tienen, por cierto, un alto grado de cinismo, por tratarse ellos mismos de cometerlos y ser al mismo tiempo los encargados de perseguir el delito.

Basta recordar la escena bochornosa de Enrique Peña Nieto, luego del escándalo -aún sin aclarar- de la Casa Blanca, donde en el abandono la Secretaría de la Función Pública, encargada de vigilar y sancionar los abusos del gobierno, la reactivó y nombró a su incondicional Virgilio Andrade, a quien le encomendó la difícil tarea de “investigarlo”, en una ridícula pantomima.

Creó burocracia para resolver una investigación que había sido resuelta desde antes de iniciar; el señor Presidente era inocente y no había cometido ninguna irregularidad o delito.

Si el titular del Ejecutivo Federal estuvo inmerso en un caso evidente de corrupción, en cascada vinieron los casos de sus subordinados; empleados y funcionarios del gobierno federal que compran a sobre precio obras y que dan contratos millonarios sin licitar, funcionarios como Lozoya que recibían enormes sobornos en millones de dólares de empresas transnacionales por ser favorecidos en contratos, o lo recientemente conocido, más de siete mil millones de pesos entregados por parte del gobierno federal a empresas fantasmas.

Qué decir de los casos de Javier Duarte, Roberto Borge, César Duarte, los Moreira y demás pillos que ya fueron procesados por sus corruptelas, más por la presión social que por una justicia efectiva.

Por ello, era determinante ejecutar a la brevedad el Sistema Nacional Anticorrupción, un entramado legal de carácter autónomo, cuya cabeza, el Fiscal General de la Nación, debe, por fuerza ser un hombre o mujer, cabal, probo, capaz, pero sobre todo, independiente y apartidista.

La norma federal daba la oportunidad de que el actual titular de la PGR, Raúl Cervantes Andrade, quien previamente fue Senador por el PRI y coordinador jurídico de la campaña presidencial de Peña Nieto, ocupara el cargo de manera automática, como Fiscal General de la Nación; por ello el mote del #FiscalCarnal, ya que su cercanía con Peña Nieto rompía con toda lógica del nuevo Sistema Nacional Anticorrupción que exigía como requisito –sine qua non- la independencia y el apartidismo del titular de la nueva Fiscalía, por la envergadura del encargo, además de la temporalidad de 10 años en la que iba a ser nombrado, en un cargo transexenal.

El PRI tenía guardada en un cajón una iniciativa, por cierto presentada por Enrique Peña Nieto, en la que eliminaba el pase automático que convertía a su amigo, el titular de la PGR como Fiscal General, y este jueves 7 de septiembre, fecha de instalación de la nueva Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, logró ser sacada de la congeladora para ser aprobada a propuesta de los diputados del PAN, PRD y MC.

El gran reto será ahora, definir un o una Fiscal que cumpla con las expectativas que demanda la realidad de México y ejecutar el nuevo sistema independiente para llevar a la cárcel a los políticos corruptos.

Abogado y analista político

@CesarIniguezG

 

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