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Jun 19 2017

Gobiernos de primera minoría

guero2

CAVILANDO ANDO/Alfonso García Sevilla

Estado  de México y Coahuila nos anticipan lo que viene en la elección presidencial del 2018.

Una elección donde el ganador no lo hará con la mayoría de los votos que se emitan.

Y si gobernar es una tarea difícil, cuando no se logran los consensos necesarios ni las alianzas encaminadas a lograr una legitimidad en las políticas que implementan, es simplemente ilusorio pensar en la aprobación mayoritaria.

Y el gobierno de Peña Nieto lo ejemplifica bien.

Lamentablemente, como muchos lo habíamos anticipado, el peñismo implicó el regreso de las viejas formas de gobierno del PRI, destacadas por la corrupción, la impunidad y el autoritarismo. Esto ha propiciado un alejamiento de la sociedad al confundir en los Pinos la legalidad con la legitimidad.

El gobierno de EPN es legal porque el diseño de la competencia electoral establece que en nuestro país el que tenga más votos gana.

Sin embargo la legitimidad necesaria para gobernar, esa que se da en las democracias de a de veras, donde es obligatorio obtener al menos el 50 por ciento de la votación para declarar a un ganador, en nuestro país no existe, porque en la pasada reforma política electoral, esa que dio vida al INE y sepultó al IFE, el PRI mañosa y hábilmente logró dejar fuera la figura de segunda vuelta electoral.

Esto hubiera obligado a que en el 2018, de acuerdo a como se marcan las tendencias electorales en las últimas encuestas, donde ningún candidato o partido llegan siquiera al 40 por ciento de las preferencias, se obligaría a una segunda ronda de votación, donde se tendrían que formar alianzas entre dos o más partidos para lograr a un vencedor, lo que implica que el PRI con sus habituales partidos satélites –PVEM, PANAL y los que ocasionalmente se sumen según el caso y el estado- no lograrían el triunfo.

Más allá del 2018, esta reforma en el sistema de pluripartidismo que vivimos, dificultaría que el PRI volviera a ganar la presidencia, porque necesariamente implica hacer una alianza con alguno de sus antagónicos fuertes, como el PAN o el PRD, lo que se antoja casi imposible para que el tricolor siga en los pinos.

Esta visión contemplada por Manlio Fabio Beltrones y solapada absurdamente por el resto de los partidos representados en el Congreso traerá como consecuencia que en el 2018 podamos ver un mandatario electo con algo así como el 30 por ciento, o menos, de los mexicanos. Y que seguramente volverá a ser priista.

Así las cosas no descartemos otro gobierno autoritario, lleno de dinero para sacar reformas a billetazos pero sin la necesidad de hacer alianzas, como EPN hasta ahora, y que los escándalos de corrupción de casas, igas, ohls, Tlatayas, Ayotzinapa, gaviotas, entre muchos más sean los que prevalezcan en el siguiente periodo, donde se siga confundiendo la legalidad de un sistema electoral a modo con la legitimidad que da el respaldo de la mayoría, dicho en otras palabras, esperemos nuevamente ser gobernados por una primera minoría.

Analista político

@aagsevilla

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