Una muerte que lamentamos

CESAR IÑIGUEZ AVATARTRIBUNA/César Iñiguez

La semana pasada fue encontrada sin vida la periodista veracruzana Anabel Flores Salazar, quien presentaba huellas de tortura y previo al hallazgo de su cuerpo, fue sacada  por la fuerza de su domicilio por un grupo armado, en circunstancias y por motivos aún desconocidos.

Es un hecho muy lamentable y más en aquella entidad, donde los crímenes a los periodistas van a la alza y es en ese estado es una profesión de alto riesgo; ya que de acuerdo a los datos de la Procuraduría General de la República, durante el año pasado se registraron 14 asesinatos de periodistas en todo el país y tres de ellos fueron en Veracruz, mientras en lo que va de este año, han ocurrido dos, incluyendo el caso de Anabel Flores y un total de 17, han sido muertos en el sexenio del gobernador priísta Javier Duarte.

El pasado martes 9 de febrero, las fiscalías generales de Puebla y Veracruz, así como la Comisión Estatal para la Atención y Protección de Periodistas (CEAPP) y los Servicios Periciales de Veracruz, confirmaron la muerte de la reportera de El Sol de Orizaba y excolaboradora del medio informativo El Buen Tono, quien la madrugada del lunes 8 fue sacada a la fuerza de su domicilio por hombres armados.

Anabel Flores, de 32 años de edad dejó dos hijos huérfanos, uno de ellos de apenas unos días de nacido, en un hecho que fue condenado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), así como por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), quienes solicitaron al gobierno veracruzano y al federal, esclarecer pronto este hecho que genera indignación ante la comunidad mexicana.

Cabe señalar que de manera cobarde, las autoridades estatales de Veracruz insinuaron que su muerte se dio por sus relaciones con el crimen organizado, en una muy velada y lamentable afirmación que dieron a solo unos días del hallazgo de su cadáver, sin haber investigado a fondo.

El ejercicio periodístico en México se ha convertido en una profesión de peligro, dada las pocas garantías y muchas veces la complicidad de algunos funcionarios, en una realidad que lamentamos en todo el país.

No se puede concebir una democracia estable sin la libertad de expresión y el libre ejercicio periodístico.

Según las cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos desde al año 2000 a la fecha, han sido asesinados 109 periodistas en todo el país, lo que convierte a este sector en uno de los grupos más vulnerables, en cuanto a la proporción de su población.

Analista político

@CesarIniguezG

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