La plaza perdida

HABLEMOS DE DERECHOS

Salvador Romero

Imagínate que un día recibes una llamada telefónica para informarte que un tío rico tuyo, al que siempre has guardado rencor y resentimiento por las humillaciones que te hizo cuando eras pobre y que todavía te duelen en lo más profundo de tu ser, acaba de fallecer y te han citado a la lectura de su testamento porque apareces en su lista de herederos.


Más por curiosidad que por convicción decides acudir a la cita, para saber qué fue aquello que te heredó el tío incómodo, sospechando que probablemente será algo sin ningún valor como una última humillación a tu persona desde el más allá.

Para tu sorpresa descubres lo que te ha heredado es lo más valioso de todo su patrimonio, pues se trata de un enorme centro comercial de Primer Mundo, una plaza con todos los lujos imaginables, cuyo valor supera los cientos de millones de pesos y que además impactará de manera positiva a toda la comunidad de la ciudad en la que vives.

Evidentemente te encuentras impactado por haber recibido una obra así, pero luego recuerdas que dicha plaza comercial aún se encuentra en construcción y que falta todavía mucho dinero para terminarla, y ahí crees descubrir la trampa de tu tío: heredarte una enorme obra inconclusa a sabiendas de que no tienes los recursos para terminarla para meterte en grandes problemas.

Sin embargo, más adelante descubres que tu tío también te heredó el dinero suficiente para terminarla de construir y eso te confunde más, porque no entiendes la razón por la cual fue tan generoso contigo al darte la oportunidad de poder inaugurar una obra de tanta importancia.

Después de mucho pensarlo, llegas a la conclusión de que, hagas lo que hagas, ese centro comercial siempre hará que la gente recuerde a tu tío como su realizador y nadie te va a agradecer a ti que la hayas terminado, así que investigas cuáles serían las consecuencias de cancelar su construcción.

Tus asesores te informan que toda vez que los contratos ya están firmados con los constructores, el costo de cancelarla y destruirla es superior al costo de terminarla e inaugurarla.

El rencor que sientes por tu tío es tanto que decides pagar por su cancelación a pesar de su costo y a pesar de que en el fondo sabes que hubieras hecho muchísimo bien a toda la sociedad que se hubiera visto sumamente beneficiada por la conclusión de dicha plaza.

Pero no te importa que parezca una decisión irracional y profundamente estúpida, porque no quieres saber nada de tu odiado tío, y a todos los que te reclaman por ella los consuelas diciendo que esa obra era una porquería (sin poder argumentar más) y que vas a construir otra plaza mucho más lejana, chica y poco funcional.

La del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México es una historia similar.

Comisionado del ITEI Jalisco

@chavaromero

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