Recuerdan al gran Quino en la charla “Aquí no hay tristeza”

Caricaturistas rememoran vida y obra de Joaquín Salvador Lavado, en Salón del Cómic de la FIL 34

Una de las tantas tragedias de 2020 fue la partida de Quino. Joaquín Salvador Lavado –uno de los caricaturistas de tiras cómicas más relevantes de las últimas décadas– se fue, pero dejó a una niña muy querida que dice lo que los adultos se han encargado de silenciar: Mafalda.

Para recordar a este argentino destacado, que fue homenajeado con el premio La Catrina en 2003, se realizó la charla virtual “Aquí no hay tristeza”, como parte de las actividades del Salón del Cómic de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).

La colombiana Adriana Mosquera “Nani”, el mexicano Martín Solares y el argentino Daniel Divinsky compartieron experiencias alrededor de quien consideran un ser humano que ha marcado sus vidas y las de otros.

Daniel Davinsky fue editor de Quino por más de medio siglo. Él contó que su amistad nació antes de editarlo, a la par de que se desarrollaba Ediciones La Flor, con la que se difundieron las viñetas de Mafalda.

“De publicar libros de novelas de autores argentinos pasamos a publicar el volumen número seis de Mafalda en octubre de 1970, con un tiraje inicial de 200 mil ejemplares, que se vendieron en una tarde; no quiere decir que los lectores lo compraron en una tarde, pero sí los distribuidores de kioscos de los puestos de revistas callejeras”, contó.

Sobre el hecho de que a Mafalda se le veía protestar de que no le gustaba la sopa, Davinsky comentó que eso era una metáfora: “Para Quino, la sopa significaba lo  que se nos impone, lo que se nos obliga a hacer sin que nosotros queramos hacerlo”, confesó.

Recordó que en España Mafalda fue sujeto de censura, pues a la publicación se le ponía un cintillo de “Contenido para adultos”, por aquello de que pudiera contener ideas que contravinieran a la dictadura franquista.

Adriana Mosquera “Nani” recordó que tuvo la oportunidad de conocerlo en persona cuando él fue a España para recibir el Premio Iberoamericano de Humor Gráfico Quevedos.

“Yo me acerqué tímidamente y sin querer se me empezaron a salir las lágrimas y le dije: ‘Maestro Quino, usted no sabe lo que significa poder hablarle’, y él, en su forma de ser tan tranquila, le dio mucha risa y me cogió por los hombros y me dijo: ‘Estoy aquí, no pasa nada, yo soy como vos’”, refirió la colombiana

“Nani” le contó sobre su personaje Magola y él dijo que sí la conocía y que sus tiras cómicas le gustaban.

“Él me recomendó que trabajara mucho, con tranquilidad, que observara a la gente y que aprendiera de escuchar”, dijo satisfecha la caricaturista.

Quien moderó la charla fue Martín Solares, quien fue editor de Quino en México y también coincidió con él en París durante siete años y medio, pues eran vecinos. “Él era una persona que por su generosidad y lucidez me influyó más de lo que podría decir”, contó.

“Muchos se concentran en Mafalda, pero leer sólo los diez años de esa caricatura equivale a sólo ir a la primaria, y quien se gradúa de primaria con frecuencia quiere hacer algo más. El impulso de seguir a Quino hasta el último de sus cartones es muy fuerte”, aseguró.

Recalcó que los personajes de este humorista gráfico han permeado tanto en la cultura popular que hoy forman parte de las metáforas cotidianas.

“Cuando conocemos a algún empresario que sólo está pensando en el dinero decimos que es un Manolito, o cuando vemos a una mujer que sólo está interesada en su beneficio personal y tener una familia con muchos hijos decimos que es toda una Susanita”, contó

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