Morena siendo Morena

DIVISADERO/Eduardo González

Nada nuevo bajo el sol. La historia de la izquierda partidista en México sigue teniendo una constante: las luchas intestinas por el poder.

Las razones van y vienen; las explicaciones se dispersan por doquier; todos se asumen como los legítimos representantes y defensores de los ideales de la izquierda; al final, sin miramiento alguno se presenta la destrucción de los proyectos de partido y de gobierno que trae como consecuencia la derrota de todos.

Lo que sucede hoy en el partido Morena en el marco de la renovación de su dirigencia, que por cierto llevan más de un año en ese berenjenal, no es la excepción, es la norma de los partidos de izquierda en nuestro país.

Sea PMS, PSUM, PRD o Morena, los enfrentamientos entre sus militantes es un asunto cotidiano. Sus históricas luchas intestinas han sido sus peores batallas. Las más violentas, las más traicioneras, las que mayores derrotas les han generado.

De las que pocas cosas positivas han obtenido. Así que no nos extraña la rebatinga por el control de Morena.

Debemos poner en claro que la disputa por el partido en el poder responde a una lógica principal: la elección presidencial en 2024.

Por un lado, encontramos al diputado Mario Delgado, del grupo de Gabriel García, coordinador de delegados federales y del canciller, Marcelo Ebrard; en el otro extremo está el diputado Porfirio Muñoz Ledo, apoyado por el grupo de Bertha Lujan y Claudia Sheinbaum.

Los primeros irrumpen como los pragmáticos y los segundos se asumen como los puros. Dos formas diferentes de hacer política, según los dichos de cada grupo.

Para sorpresa de algunos, pero no de todos, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, apuesta a los dos bandos. Establece condiciones para ganar con cualquiera que se quede con la presidencia.

Luego de más de un año de no ponerse de acuerdo para renovar la dirigencia nacional, y de una encuesta que no convenció a nadie, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) determinó que llevará a cabo una nueva encuesta de desempate entre el 16 y 22 de octubre que dará el resultado final a más tardar el 24 de este mes.

Las firmas que se harán cargo del ejercicio demoscópico serán Parametría, Covarrubias y Asociados y Demotecnia. En caso de que los contrincantes no reconozcan el resultado o que no existan condiciones para determinar al ganador, es decir, que se mantenga el empate técnico, los resultados se turnarán a la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) para que resuelva.

En la encuesta de la discordia Muñoz Ledo tuvo 25.34% de aprobación y Mario Delgado 25.29%. Lo único claro fue el triunfo de la senadora Citlali Hernández como secretaria general.

Sea como sea, fundado hace seis años por Andrés Manuel López Obrador, Morena hoy parece ser más una carga que un aliado del presidente de la República.

Luego del triunfo electoral de 2018, el partido perdió muchos cuadros que se fueron al gobierno federal, y López Obrador ha preferido mantenerse al margen del instituto que no atina a renovar sus cuadros dirigentes. Quizá esa combinación no fue la mejor.

Es un hecho, que quien resulte ganador de la presidencia de Morena no llegará fortalecido, lo cual podría beneficiar a López Obrador, pero quizá tendría un costo muy alto en las elecciones del año siguiente donde el presidente necesita asegurar una mayoría en la Cámara de Diputados para darle viabilidad y continuidad al proyecto de la Cuarta Transformación.

* Profesor-investigador del Depto. de Relaciones Internacionales, región occidente. Tec de Monterrey.

@contodoytriques

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