Lo que el coronavirus hace en el cuerpo

NG.- Aunque aún se desconoce mucho sobre el nuevo coronavirus que ha arrasado China, Italia y casi la totalidad del mundo, lo que podemos afirmar en este momento es que el microbio desencadena una enfermedad que afecta todo el cuerpo humano.

Lo mismo han hecho SARS y MERS, dos coronavirus zoonóticos que pasaron de los animales a las personas.
A diferencia de sus primos que ocasionan el resfriado común, estos coronavirus emergentes pueden desatar un cataclismo viral que afecta muchos órganos humanos, y la nueva enfermedad –que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha denominado “COVID-19”– no es la excepción cuando precipita un cuadro grave.

Esto explica por qué la pandemia de COVID-19 superó tan pronto la cifra de fatalidades que dejara el SARS. Pese a que COVID-19 parece tener una tasa de mortalidad de apenas la quinta parte que la del SARS, la nueva enfermedad se ha diseminado mucho más rápido.

El lunes 17 de febrero, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de China divulgó detalles clínicos de los 72,314 pacientes diagnosticados hasta el 11 de febrero.

En su informe -que incluyó datos sobre enfermos graves y mortalidad en todos los grupos etarios (excepto niños menores de nueve años)-, la dependencia gubernamental china demostró que COVID-19 había matado a 2.3 % de los afectados, lo cual significa que, hasta ese día, el nuevo coronavirus era 23 veces más mortífero que el agente causal de la influenza estacional.

Pero, ¿qué sucede cuando el coronavirus infecta el cuerpo humano?
Dado que el patógeno actual posee una genética muy similar a la del SARS, el nuevo coronavirus ha recibido el nombre de SARS-CoV-2. Y también debido a ello, los científicos podrían combinar las investigaciones iniciales sobre este agente con las lecciones aprendidas durante las epidemias de SARS y MERS para encontrar respuestas.

Pulmones: la zona cero
En la mayoría de los casos, COVID-19 comienza y termina en los pulmones. La razón es que los coronavirus, como el de la influenza, ocasionan enfermedades respiratorias.

Estos patógenos suelen diseminarse cuando la persona infectada tose o estornuda, expulsando gotitas que pueden transportar el virus a cualquier individuo que se encuentre cerca.

Los coronavirus ocasionan síntomas de influenza: el paciente inicia con un cuadro de fiebre y tos, el cual evoluciona en una neumonía o algo peor.

Después del brote de SARS, la Organización Mundial de la Salud anunció que la invasión pulmonar ocurre en tres etapas:

-replicación vira
-hiperreactividad inmunológica
-destrucción pulmonar

No todos los enfermos de SARS pasaron por las tres etapas; de hecho, solo 25 % de los casos presentó insuficiencia respiratoria, rasgo patognomónico de la enfermedad grave.

De igual manera, los datos iniciales sobre COVID-19 apuntan a que hasta 82 % de las personas infectadas manifiestan síntomas leves, mientras que los demás desarrollan un cuadro grave o crítico.

Visto a detalle, el nuevo coronavirus parece apegarse a otros patrones del SARS, comenta el Dr. Matthew B. Frieman. Él es profesor asociado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, e investigador de coronavirus altamente patogénicos.

Durante los primeros días de la infección, SARS-CoV-2 invade rápidamente dos tipos: de células pulmonares:

-unas que producen moco
-otras que tienen pequeñas vellosidades conocidas como cilios

Aunque resulta asqueroso cuando lo expulsamos del cuerpo, el moco protege el tejido pulmonar y mantiene húmedos nuestros órganos respiratorios, en tanto que los cilios mueven el moco y retiran agentes externos como polen o virus.

Frieman señala que el SARS suele infectar y matar las células ciliares, las cuales terminan por desprenderse y obstruyen las vías aéreas del paciente con desechos y líquidos, de allí que aventure la hipótesis de que lo mismo está ocurriendo con el nuevo coronavirus.

Su argumento es que las primeras investigaciones sobre la COVID-19 han demostrado que muchas personas desarrollan neumonía bilateral (en los dos pulmones), ocasionando síntomas como la falta de aire (disnea).

Es entonces cuando se desencadena la segunda etapa, la cual activa el sistema inmunológico.
Alertado de la presencia de un agresor viral, el cuerpo combate la enfermedad inundando los pulmones con células inmunológicas, cuya función es despejar los desechos y reparar el tejido pulmonar.

Si la respuesta inmunológica es adecuada, el proceso inflamatorio se limita a las zonas afectadas. No obstante, a veces el sistema inmunológico se desboca y acaba con todas las células que encuentra a su paso, incluidas las del tejido sano.

“Es así que la respuesta inmunológica causa más daños, en vez de menos”, aclara Frieman. Esto resulta en una mayor obstrucción pulmonar, la cual agrava el problema de la neumonía.

Al iniciar la tercera etapa, el daño pulmonar sigue aumentando y puede conducir a la insuficiencia respiratoria. Aun cuando no ocasione la muerte, algunos pacientes quedan con daños pulmonares permanentes.

Según informes de la OMS, el SARS abre orificios en los pulmones dándoles un “aspecto apanalado o en panal”, lesiones que también se observan en los individuos afectados por SARS-CoV-2.

Es probable que la hiperactividad del sistema inmunológico sea la causa de que se formen esos agujeros, los cuales evolucionan en cicatrices que, si bien son protectoras, también endurecen los pulmones.

Cuando esto ocurre, casi siempre es necesario poner al paciente en un ventilador para ayudarlo a respirar.
Por otra parte, la inflamación también forma membranas entre los alvéolos y los vasos sanguíneos, lo que puede ocasionar que los pulmones se llenen de líquido y pierdan su capacidad para oxigenar la sangre.

“En esencia, lo que sucede en los casos más graves es una inundación pulmonar que impide la respiración -precisa Frieman-. Esa es la causa de muerte”.

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